Teatro en el gran teatro de la vida

González, director del grupo Teatro de los Elementos. / Foto: Cedeño  ¿Cuánto define al teatro? “Es una casa provisional” -exterioriza el eterno juglar José Oriol González… ¿Así de efímero en verdad?

“Y el perpetuo robo bueno, ese intercambio, ese toma y dame” -continúa. Porque 20 años de vida cuenta una de sus mayores obras, asentada entre las elevaciones del Macizo de Guamuhaya, en Cienfuegos. Mientras la nombra, con el orgullo de padre/hijo, recuerda “las palabras de un poeta: ‘lo local es lo universal’”.

  Con certeza, Teatro de los Elementos ha nutrido y se ha nutrido de otros. ¿Imaginan siquiera qué sitio ocuparía sin la imbricación de tantos?

“Somos el resultado de muchos entusiasmos. El primer proyecto de colaboración vino gracias a Miguel Cañellas: cierta invitación a una agrupación llamada Chantiers Jeunes, después ONG Quinoa, de Bélgica. Nos alentó extraordinariamente. Sus integrantes vinieron en casas de campaña y, a mano, ayudaron a construir nuestro anfiteatro (…) Y nos llevaron a un importante festival internacional: el de ‘Teatro Acción’. Esa gira por distintos países de Europa, convivir con varios grupos y experimentar disímiles modalidades del teatro, nos dio también una dimensión de universo con la cual no contábamos.

“Un buen día llegó ‘Nuestra Gente’. Jorge Blandón nos ayudó a formar parte de la Red Colombiana de Teatro en Comunidad. Y el año antepasado tuvimos la suerte de compartir con Teatro Andante la creación de un Quijote latinoamericano, montado en Brasil con el colectivo de Pombas Urbanas (…) Yo, por ejemplo, aporté el fango del maquillaje.

“Además, el ‘Tomás Terry’ ha constituido un apoyo. Más allá, en La Habana, admiradores y amigos nos dieron su voto (…) A la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre parecería injusto no mencionarla”.

Respecto al amplio repertorio inherente al elenco merecedor del Premio de la Crítica con Una casa en la frontera, enfatiza: “… Intención a mantener. Todos sabemos las consecuencias de radicar fuera de las ciudades (…) El repertorio pudiera ser mayor si cuantos conforman Teatro de los Elementos residieran en Cumanayagua. Por tanto, hemos propuesto al Consejo Nacional de las Artes Escénicas y a la Dirección Provincial de Cultura la formación de una nueva hornada de actores -con muchachos que terminaron el preuniversitario y empezaron carreras alejadas de sus gustos; o tuvieron accidentes de vida que no les permitieron desarrollarse en lo profesional; o no pudieron entrar al Instituto Superior de Arte (ISA), pues no pocos intérpretes de la preferencia del público fueron muchas veces rechazados por las academias.

“Eso nos gustaría: hacer una escuela. ¡De hecho somos una escuela! La gente me dice: ‘Bueno, ¿y cuántos están en Europa o cualquier lugar?’. Sí, muchísimos se han ido a diferentes partes. Sin embargo, responde a algo natural y no escapan ni el Escambray ni las grandes compañías. Este concepto de la comunidad cultural, afianzarlo en las condiciones de la montaña con las limitaciones de teléfono, transporte…”.

  Sí, ¿cómo llevarlo a vías de hecho, sobre todo en el contexto actual?

“Lo intentamos. Pensamos que el campo vuelve a ser protagonista de las acciones de la nación. De allí vino el hombre puro y encauzó las revoluciones.

“Debemos enseñar a la gente a que, amén del celular, establezca comunicación a través de las palomas. Nos toca forjar en los jóvenes el encanto por la naturaleza; y no puede decretarse. Hemos de profundizar en la interrogante: ¿de dónde vinimos?, para lograr una especie de poética. Cuando lo acepten, podremos crear a ese actor -promotor, jinete, productor agrícola… ¡Empresa un tanto complicada! No sé si la vida va a darnos tiempo. No obstante, asumimos un propósito noble para juntar el arte y transformarlo”.

  La permanencia se alcanza también tras conciliar intereses individuales en función de los colectivos. ¿En qué medida lo perciben así desde dentro?

“Difícil. Cuando uno crece solo no reúne a nadie alrededor. La capacidad de un líder, comunitario en este caso, radica esencialmente en tener en cuenta a cada miembro. Me da placer ver a las niñas que actuaron con nosotros en la primera etapa, hoy en calidad de productora y promotora. Dice suficiente de la continuidad, de un proceso de crecimiento.

“Por tal razón nos acercamos ahora a las escuelas. Recibimos un fondo, a partir de la colaboración Granada-Cuba, destinado a ello. Los niños aprenden el zapateo; reciben clases de percusión (…) Ir a la fuente, al relevo, posibilitará que dentro de las dos décadas siguientes entrevisten a un Teatro de los Elementos vivo, mutante, optimista”.

  ¿Y cuántas más proyecciones con vistas al futuro les incentivan?

“Para este 2011 pedimos hacer el Café ‘Luis Gómez’ en Cumanayagua. También queremos inaugurar una valla de gallos con un concepto cultural. Los pintores Kamyl, Nelson… pretenden junto a nosotros enarbolar un espacio de creación, de memorias de la plástica nacional. ¡Ah, para mostrar al gallo no cual un elemento clandestino, sino para de algún modo oficializar su presencia!

“Por supuesto, estamos abiertos a nuevos montajes y estilos. Invitamos a Carlos Díaz, director de Teatro El Público. Parece una locura, pero quisiera ver a mis actores sometidos a su temperatura. ¡No sé si va a ser una obra de guajiros desnudos en el río! (…) Será un proceso divertido y nutricio.

“Y volverá Viento Sur Teatro, con los que vamos a hacer algo de comedia a mediados de año, entre julio y agosto. Además, estamos pendientes de Atilio Caballero para un manuscrito, una pieza acerca de Luis Gómez.

“Entre planes soñamos con una donde esté mi familia, el pasado del cumanayagüense y ese mundo de la africanía, unido al que vino de Europa con baúles y cantando opereta (…) En otra deberán aparecer los olores del campo, la Fiesta del Alumbra’o. Hace rato nos trazamos concebirla en el ámbito físico del grupo y luego trasladarla, con los fantasmas de gente querida (…) Hemos previsto arrimar la idea a algún dramaturgo atrevido para poder consolidarla”.

A juicio del entrevistado, urge acotar: “La gente cree ver en lo comunitario aquello de fácil entendimiento, de poca factura, ejecutado por personas fracasadas y, en consecuencia, comprensible para el ‘pobre guajiro’. Y realmente el campesino tiene su pensamiento abierto como una hoja en blanco; la sensibilidad menos cubierta, menos colonizada -según Eugenio Barba- en comparación con un intelectual de provincia.

“Lo comunitario tiene que ser culto, con un mensaje de alcance (…) Tuvimos en nuestra sede a Escena Infinita, de Estados Unidos. Exhibió una obra en inglés, rodeado por personas sentadas en taburetes con linternas en las manos. ¡Y el aplauso se escuchó redondo! El teatro es eso: una comunicación más allá, incluso, del idioma (…) La gente respeta, acude. Ofrecemos antídotos frente al mal gusto y la seudocultura que intenta colarse en algunos espacios”.

Escrito por: Lisandra Marene

Anuncios

Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el junio 15, 2011 en Entre dos... !o más! y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: