Capitán capitán (sustantivo+adjetivo)

Pie de foto: El capitán del remolcador “Perla del Sur” dice asumir cada maniobra cual premisa de accidente; ¡aunque no haya vivido jamás uno catastrófico! / Foto: Alexey Zamora    “El mar trae siempre alguna ‘cosa’ imprevista. No puedes definir una travesía de ‘difícil’. Después que pasó es historia. La más difícil te espera (…) Y si tú no te sientes bien preparado, o no previste, sí podrías estar en problemas” -sentencia Jorge Sánchez Planés y, su filosofía, parece sintetizar incluso otros pasados.

Quizás el capitán del ‘Perla del Sur’ encarna a un hombre cualquiera. ¡Mejor común, multiplicado entre los demás, en el continuo debate por ganarle un buen después a la vida! Entonces justo ahora lo imagino en aquel muelle bajo el rótulo “Olimpia Medina”. A veces pisar en firme lleva a surcar nostalgias.

“Es un barco de primera clase -advierte hasta con cierta jactancia. Este remolcador se construyó en los Astilleros DAMEX, de Santiago de Cuba, para Cienfuegos específicamente, con vistas a las operaciones con tanqueros de gran porte (…) y todo tipo de maniobras: salvamento, cabotaje…”. Tras tres años de explotación, según esquemas aplicados para la protección del casco, entrará en un proceso de reparaciones en dique.

  Y en tierra, ¿qué tanto más añora del mar?

“Yo paso muy poco tiempo en tierra. Casi vengo todos los días aunque no tenga que hacerlo: una costumbre ya. He vivido bastante a bordo de un barco”.

  ¿Suele tomarles cariño?

“Cada embarcación en la cual trabajo es mía (…) No me ha traído pocos problemas eso: defenderlo y enseñarle a la tripulación a defenderlo.

“Laborar en este barco para la mayoría de los compañeros representa muchas madrugadas (…) Toca mantenerse de guardia las 24 horas; el Puerto no se puede paralizar”.

Bien lo sabe él, antes ¿simple? marinero. Evoca la exactitud perdida, desde cuando en pleno Período Especial “te hablaban de una maniobra a tal hora, y era a tal hora”. Habanero por nacimiento, hace 15 años conduce arrojos en esta bahía de bolsa. Arribita en la memoria, por si acaso, resguarda cinco décadas de decisiones frente a aguas tranquilas o encrespadas, cerca o lejos.

“Me siento aquí una vez que las máquinas están listas -continúa mientras ocupa su puesto y matiza la conversación con apuntes descriptivos. Comenzamos a maniobrar. ¿Por qué en tales condiciones, con comodidad? En ocasiones salimos a las 7:00 de la mañana y regresamos a las 12:00 de la noche. Si un chofer de carretera lleva seis horas y necesita descansar, ¡imagínate nosotros! Hablo de una unidad con un peso de 370 toneladas; funciona por contacto con los buques; resulta agresivo y por eso tantas gomas y defensas. Debes calcular los impactos para atracar, tener bastante cuidado con la posición… ¡fundamental!”.

  Dice usted que comenzó en la actividad desde edad temprana, a los 12. ¿Cuántas motivaciones tuvo?

“Mis abuelos por parte de madre y padre fueron capitanes; mi padre… O sea, yo lo soy por tradición. Me gusta. Tengo 68 años y me siento perfecto, con buen estado de ánimo, fuerza, voluntad.

“Empecé con mi papá y luego me independicé. Seguí trabajando, estudié y llegué a Máster como capitán”.

  La preparación se adquiere asimismo con los “golpes” y cuanto nos sucede. ¿Recuerda una vivencia en particular?

“He pasado en Cienfuegos todos los ciclones, la mayor parte en la grúa Caribbean Power. Con un remolcador de estos salí cuando el huracán Gilbert, de los más grandes que atravesó el área del Caribe. Navegando en aguas internacionales los viví también, remolcando una plataforma petrolera. Los momentos te quedan de recuerdo”.

  “Estar listo” igual supone contar con los otros…

“El principio fundamental a bordo radica en la compenetración entre el mando y los tripulantes. Tengo varios principios muy míos. Dentro del mar (…) no me gusta que me digan capitán; prefiero me llamen por mi nombre, con una línea de respeto, de orden.

“Y el adiestramiento es esencial. Cada uno debe conocer qué posición ocupar en el momento indicado (…) Quien es marinero en un remolcador lo es en cualquier clase de barco (…) Por lo regular, para llevarlo se busca gente con experiencia, mucho conocimiento. El mínimo riesgo se convierte en una catástrofe. ¡No resulta fácil!”.

  Sin embargo, se ha referido a la importancia de difundir entre los jóvenes la atracción por dicho quehacer. ¿En casa ha intentado inculcar ese amor?

“Para lograr el objetivo hay que cambiar (…) la mentalidad. Si este barco, el que más ingresa en la empresa ‘Navegación Caribe‘ y el resto de Cuba en estos momentos, el de más efectividad económica (dada su utilización con una frecuencia superior durante el 2011, en unas 70 maniobras portuarias al mes), no se convierte en un punto de referencia, ¿cómo la gente va a querer trabajar aquí?

“Si no arrancamos de lo individual a lo colectivo (…) nunca alcanzaremos nada. Debemos partir del individuo; para, al llegar a mi casa, poder comentar que yo no vivo mejor que el carnicero, pero soy tan importante como él. ¡Decírselo a mi hijo de 10 años como me lo decía mi padre!”.

¿Agradece el haberse asentado acá?

  “Me gusta esta ciudad: bonita, cómoda, pequeña, donde las cosas están al alcance de la mano”.

Escrito por: Lisandra Marene   

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Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el julio 4, 2011 en Entre dos... !o más! y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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