FAMILIA OTERO-SILVEIRA: Germinaciones in situ

Entre disímiles ejemplares, en áreas del Museo de Sitio, el también reconocido con la condición de Patrimonio Humano Vivo refiere plantas endémicas y algunas en cierto grado amenazadas. / Foto: Archivo  ¡Mire si las historias dan vueltas!… Fue en aquella cueva, por el Valle del Indio, donde a lo largo de seis años y con las marcas visibles de una niñez “puñetera” aceptó el trueque de la Madre Natura: amparo x empeño. Y, según cuenta, durante la estancia en tal ambiente sus hermanos y él permanecieron entonces siempre sanos. Quizás, o de seguro, también por eso, de hallarse aún en interiores de piedra igual indicaría a usted: “Cuando guste… Allí tiene su casa”.

Hoy se extiende esta por hectáreas, y hectáreas, y hectáreas. Bajo el rótulo de “Museo de Sitio”, en la pre-montaña inherente al Macizo de Guamuhaya, se anuncia justo desde el kilómetro 2 1/2 de la carretera Sierrita – San Blas, distante a unos 40 de la ciudad de Cienfuegos. En exposición permanente, Llantén, Anís, Menta, Hinojo y otras figuran entre las más de 336 variedades de especies medicinales, aromáticas, condimentosas y frutales, cuyo cultivo y reproducción signan a toda una familia. ¿Fin primero? Multiplicar los saberes del campesinado.    

DE LA IDENTIDAD A LOS “PRINCIPIOS”

“Mientras tengamos un ‘tin’ de salud, lo daremos to’. Nos debemos a la Revolución y no tenemos con qué pagarle. Creo que los momentos precisos pa’ ayudar son estos, difíciles…” -coteja Enrique a sus 84. ¡Respuesta predecible la del hijo nacido un 4 de junio al agricultor Jesús Otero Veiga y Elena Fernández Bullán, ambos naturales de Lugo, España! Bien le definió la procedencia al primer y único Científico Popular reconocido en la Isla, con gran prestigio incluso en el extranjero.

  ¿La apropiación de los conocimientos que le hicieron merecedor de dicho título remite lo mismo a sus antecedentes dentro del propio contexto familiar, que al ámbito espacial donde se convirtió en quien es, alejado de modernos centros médicos?

“Mi abuela emigró a Cuba en 1914. Ella era botánica… Y uno sale con ese entusiasmo (…) Yo tengo mi reconocimiento porque de niño bajaba una loma por la casa en que vivíamos hasta donde estaba su rancho -había una palma real-; y la llamábamos (…) Lo recuerdo, de allá a acá, como si tuviera 20. De lo que mi abuela hacía en la medicina curioseábamos: ‘¿Pa’ qué sirve esto?’; ‘¿y lo otro?’ (…) Nos enseñaba (…) Con ella aprendimos bastante.

“Después del triunfo del ’59, lo que hemos tenido que estudiar los síntomas de las enfermedades. Ya sabíamos para qué valía cada mata”.

  ¿Y al llegar alguien a su hogar, en busca de asistencia y atraído por la certeza de mejoría dada la efectividad de sus tratamientos, qué hace? ¿Parte solo de un interrogatorio profundo o del diagnóstico previo ofrecido por especialistas?

“Quienes van a mí, a la mayoría -un 90 por ciento- ya le dieron ‘baja’ de los Enrique Otero Fernández, primer y único Científico Popular reconocido en Cuba. / Foto: centros… Llegan allí por último recurso. A veces digo: ‘Oye, ¿por qué no lo han traído antes?’. Todo el mundo está adaptado a la cuchilla. Y yo estoy de acuerdo en lo de buscar el padecimiento, pero no profundizar así, con la anestesia, el recorrido (…) A lo mejor, de entrada, nosotros ‘viendo’ al paciente logramos cortar el mal del cuerpo.

“No es: ‘El Gallego, adivino’. Cuando me visitan o me llaman por teléfono -casi siempre mando a venir, si no a él o ella porque se encuentra complica’ la dolencia, al acompañante o encargado de su atención-, pregunto: ‘¿Has ido a la ciencia, al médico? ¿Qué le dijo? ¿Cómo le comenzó…?’. Me voy nutriendo (…) Y me da inspiración, esperanza, saber que no le da fiebre -un termómetro a medir (…) Después de realizar mis conclusiones, voy a la planta con poder pa’ resolver esa situación.

“Si no veo la cura, nada, le comento a los familiares: ‘Vamos al campo’. Y fuera, pues no sé si se trata de una persona capaz de admitir lo que tiene, les explico: ‘El caso parece grave (…) Ahora, vamos a luchar hasta cuanto podamos y así, al fallecer, por desgracia, no lo hace dando gritos a base de calmantes’.

“Buscan un aliento, una ayuda; y estamos obligados a dársela, ganemos o no la pelea. Ya con la práctica, logramos. Es doloroso verlos muy atrofiados. Queda claro: la mayoría de los medicamentos, los químicos, son un arma de doble filo. Hay que variar. ¡Por eso yo estudio la naturaleza!”.

BENDITO DESPUÉS

Junto a su madre, de apellidos Silveira Martínez -desde 1957 compañera incondicional de Otero Fernández-, Tania ha destinado no pocas horas a cuidar el Jardín de Margarita. Pero no solo la belleza de flores y especies ornamentales localizadas en tal área le instó…

  ¿Cuánta atracción supuso ver a su padre en el laboreo cotidiano, en el examen de valores terapéuticos? ¿Ocurrió pronto, a temprana edad?

“En los primeros años de la Revolución, la gente veía el uso de la Medicina Verde asociado al curandero: ‘el oscurantista’. No obstante, en nuestra familia se utilizaba. Mi mamá, si te daba un dolor de cabeza cogía alguna planta. Esto nos fue motivando, aunque no desde la juventud respecto a interesarte de ‘a lleno’. Ahora, sí marca. Y te provoca ‘el aquello’ de que lo recomiendas (…) a cualquiera y se puede aliviar. ¡Qué feliz uno se siente al oír: ‘Lo que me mandaste me sirvió’!

“Resulta algo bonito. Allá -en la Finca Agrobiológica y Agroecológica, constituida hacia marzo de 1986 a sugerencia del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y por propuesta de la dirección del Partido en la provincia- hay un colectivo de trabajadores. En ocasiones, por cosas mismas del trajín, se está perdiendo una variedad y entonces le aviso a El Gallego: ‘¡Apúrate, debemos recuperarla!’ (…) Él sugiere, por mencionar, llevarla a la montaña. Una de las principales cosas que nos ha inculcado radica en amar cada planta como a nosotros mismos. Usted pasa por el camino y lo que cree una simple yerbita tal vez logre maravillas”.

  ¿Han coincidido con su padre en esas consultas, y aportado ustedes los conocimientos adquiridos, precisamente, a partir de las instrucciones de este?

Tania Otero Silveira, hija del Gallego Otero. / Foto: Dorado  “Se ha dado el caso en que se le aparece un paciente y nos llama, en lo fundamental, al tratarse de patologías con una sintomatología y capaces de presentar luego manifestaciones distintas (…) Él busca más bien que podamos formarnos, prepararnos, con su visión -contemplada asimismo para las nuevas generaciones en el texto Un Científico Popular, del Máster en Ciencias Rodolfo Arencibia Figueroa.

“Por ejemplo: Chuchi y yo tenemos ‘encontronazos’ propios del día a día (…) ¡Ahí entra El Gallego a mediar: ‘Tiene que ser así’! Te digo: difícil seguirlo. Estamos, tratamos (…) Y de una forma u otra, todos en la familia saben desde cómo preparar un cocimiento, a pedir ‘de esto’ o ‘de aquello’. Sí, el camino se encuentra preparado”.

Mas, insiste la actual directora del Museo de Plantas Medicinales: “No hay necesidad de estar enfermos para emplearlas, con fines preventivos (…) La Salvia es la de mayor contenido de estrógeno. ¿Por qué espera la mujer al proceso de menopausia o climaterio? Vamos a emplearla ya. Para mí, las plantas curan; y evitan… ¡El objetivo! Y el Gallego nos regaña, nos regaña fuerte”.

  ¿Considera imprescindible que la gente a nuestro alrededor incida en el sendero que uno ha de tomar, y continuar?

La experiencia acumulada por semejante partidario de los estudios que encauzara el eminente científico Dr. Juan Tomás Roig y Mesa, “creo, sería muy difícil recuperarla yo toda -expone Pedro Jesús Otero Silveira (Chuchi), otro de los seis hijos procreados al calor del mismo segundo matrimonio. Él ha dedicado su vida entera a la faena (…) ¡Vivió en el monte! Yo, de niño, permanecí, como quien dice, en la ciudad, en el pueblecito de La Sierrita. Conocía un poco; sin embargo, jamás con la idea de llevarlo por completo (…) Ya siento el amor al hacerlo, hacia delante para que no se pierda la historia”.

  A juicio de varios, mantener cierta tradición dentro de la célula primaria de la sociedad parece cosa del ayer. Ustedes, por el contrario, insisten en su  significado. Además, cada uno sabe qué papel desempeña. ¿Por qué ello cobra tamaña importancia?

“Lo mío consiste en la producción destinada a los laboratorios farmacéuticos, donde sacan los extractos. Tania, en lo de Patrimonio. Nos encontramos por ahí porque andamos en lo mismo, aunque pertenecemos a instituciones distintas. ¡Y El Gallego asesorándonos!

“El camino es largo. Según él, resultaría una lástima que la ciencia no nos ayudara más en dicho sentido: dar un espacio superior a la Medicina Natural y Tradicional -alternativa a considerar por su eficacia- en bien colectivo”.

  ¿En qué medida persiguen no solo aprender un tanto más, sino incorporar al resto a la citada práctica? 

  “Hemos querido que todos aprendan de las plantas: no solo nosotros dentro de la familia”.

  Sembrar, regar, podar, transplantar, cortar, secar, beneficiar, transportar… Siquiera infinitivos pormenorizan cómo prenden duro y profundo las raíces de la sabiduría popular. Alcanzan meramente a rememorar períodos de afán -casi tres décadas-; máximas/guía -el hombre en comunión con el entorno-; promesas cumplidas: Otero no olvida que la Cueva del Indio “en tiempo de calor se sentía fresca y, en tiempo de frío, caliente”.

Escrito por: Lisandra Marene y Jorge Luis Marí, realizador y director de programas en el telecentro Perlavisión.

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Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el enero 9, 2012 en Confluencias de vidas y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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