Candelario y el movimiento pendular de la vida

Al decir de Candelario, “este es un libro muy sencillo”, para todos los gustos. “Darás en el blanco solo si apuntas a varios lugares a la misma vez”. / Foto: Cortesía de PerlavisiónLa XXI Feria Internacional del Libro y la Literatura también (re)contextualizó, entre muchos de aquí para allá, las razones por las cuales Jesús Candelario Alvarado aún intenta probar que Dios no tiene teléfono (Mecenas, 2011) -texto presentado en la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña el pasado 16 de febrero.

Como él, ella, artífice de estas líneas, soñó con un libro echado por debajo de la puerta: “hueco infinito que deja salir la luz” -descubrió bien, luego, gracias al autor-, sueño por compartir… Contrario a él, ella siempre supo que se trataba de su propia puerta. Entonces la vez primera cuando lo tuvo entre las manos, así, impreso en negro sobre blanco, virgen en apariencia, a las lecturas posibles precedió un poquitín cierta expectativa diferente de la ¿normal?

No hojear la creación debería constituir un crimen referido en el Código Penal. Lo pensó, sí; y se dispuso a descifrar cuánto contuvo Jesús Candelario Alvarado en solo un título/gancho: Dios no tiene teléfono -frase de esas que te salen reiterativas y asumes en función de “cambios para arreglar las cosas”, antes o después de “dar un salto al vacío de la página”.

 “El tiempo existe. El hombre es una partícula que viaja a través del tiempo sin reconocerlo”…

   Analiza mejor ella y pareciera que él conociese escenas de su vida y le hubiera robado una por una de cualquier reminiscencia para entregarlas en formato digital al editor. Explicaría ello ¿algunas? imágenes análogas. Por mencionar, la de aquel o aquella joven resuelta a irse a través del mar “como los ciclones, siempre hacia el norte”, donde el recuerdo se vuelve una concha para que el olvido no se trabe, y exprime pronto añoranzas, dolor, ¡hasta la muerte!

Cual obligatoria continuidad a las PÁGINAS AMARILLAS y disímiles referencias a la LARGA DISTANCIA, palabras dibujadas a tinta le llevan a reconocer la dicotomía arraigo-desarraigo, el significado real de la identidad. Y a cuestionar desde dentro la burocracia -con “más admiradores que los Beatles”-; la deslealtad, el verticalismo, la falsa unanimidad. Y a explicar algo la relación obvia entre economía doméstica y “faltas”.

Ella se coloca mientras en la posición de él. Con ayuda de esta especie de guía telefónica, da cabida a supuestas INTERFERENCIAS EN LAS LÍNEAS y LLAMADAS LOCALES. Pone nombres a los jardineros sin imaginación, asesinos de las esperanzas azules. Igual se le sale del subconsciente la idea acerca de la famosa escalera para llegar al cielo. Replantea el to be or not to be (ser o no ser).

Más tarde le pregunta; él responde: “Este no es un libro con una coherencia de principio a fin en cuanto a temática (…) No termina, permanece abierto siempre (…) Podría seguir escribiéndolo (…) Aunque sí, un tópico central me motiva: el humano. Alrededor, todo… Es una araña de patas infinitas”.

 “No te hagas la historia sin pensar en este cuento: escribo desde el hombre que se puede escribir para volver al hombre que nadie puede contar, te saludo y me escondo, yo”…

   Lo descubre entre personalidades conocidas, queridas, pensadas, devenidas personajes: Marcial, Veguita, Borges, Retamar, Wells, Guevara, Verne, Poe, Shakespeare, Cortázar, Lezama, Kafka, Martí, Whitman, Vallejo. ¡Cual resultado de quienes, quizás, él hubiese deseado ser, de quienes lo convirtieron en el escritor que hoy es! Porque, al menos a ella, le quedó claro: en todos advierte hilos de la historia que sigue con la vista.

Incluso por tal razón, comprendió por qué él reafirma: “soy hijo de una isla”; antes, de “un lugar insignificante como Cruces, un pueblecito perdido en la geografía americana” y ubicado ahora en la página 29 del texto. Y según sabe él interioridades de otros, ella, lectora, le conoce gracias a la descripción emanada tras el continuo desandar por las letras.

Sucede que él le habla de modo directo. Le cuenta un sueño suyo rodeado por bibliotecas ubicadas en cualquier calle del mundo y cuyas puertas no cierran. Se le presenta en tanto profesional sin don para hacer negocios, y al que le llega la suerte de encontrar aquello por nadie buscado. Narra al niño que se pierde, él, “y aparece escribiendo una historia, la de un niño que nunca volverá a nacer”; y al que de grande le gusta el traguito de ron, le llenan los versos, y se dice capaz de esbozar la autocrítica.

Le comenta de sí, del profesor de inglés obligado a abandonar el magisterio -al menos oficialmente- por el demasiado papeleo, y determinadas deficiencias del sistema educacional. Le obliga a ella a aprender otro idioma, también necesario para entender.

 “Los escritores son así, no se dan cuenta de que ellos también pudieron ser tipos interesantes (incluso famosos)”.

   Aprendiz… ¡Nada que ver con su oficio! -exclamó ella para sus adentros al llegar al punto final. Sin dudas, él ha de trabajar en ETECSA. Desde el mismo principio, la lectura le sonó a llamada urgente, tanto, que alguien te la facilita. Duró 92 páginas exactas. Y Candelario no logró hacerle entender que Dios no tiene teléfono.

Escrito por: Lisandra Marene

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Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el marzo 27, 2012 en Veo, veo y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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