“Arte y Naturaleza” de una tercera infancia

“Aquí estuvo mi tatarabuela. Yo la acompañé el primer día y después me quedé” -expresa Maribella. / Foto: DoradoLa longevidad toca insistentemente a las puertas. Se presenta en tanto “fenómeno”. Pero no solo un abordaje o tratamiento científico contempla, en Cienfuegos, la atención al Adulto Mayor. Otras voluntades y actitudes percibirá usted en los pasos todavía firmes que hoy siguen a Don Tiempo.

Más que aplausos les desprendió del cuerpo ¿un tilín? hendido aquella pequeña de 8 años. Aunque algún gruñón lo intentase “pa’ imponer respeto”, ¡inadmisible aprisionar la sonrisa! Como quien imparte una conferencia magistral, ella les contó la Leyenda de la Marilope. Cual retribución, conoció disímiles historias sobre ciertas etapas de “una vida que, por fortuna, no tendrá” -le recalcan-; y supo del caimito, el higo, el marañón…

-“Ufff! Yo nunca los he visto”, se escuchó por allá otra vocecilla en medio del Juego de Nombres y Frutas.

Así, una vez por mes y desde el 16 de agosto de 2006, transcurre, en la Casa de los Abuelos correspondiente a Pueblo Griffo, la Peña Literaria “Arte y Naturaleza”. Si bien su principal gestora no integra de modo oficial el Equipo Multidisciplinario de Atención Geriátrica encargado de evaluar, desde el policlínico del Área de Salud No. 4, a pacientes de avanzada edad radicados en dicho Consejo Popular, sabe cómo trazar un “plan de acción individual”. ¡Claro, sin olvidar la intención colectiva: llegar a los 120!

PÁGINA PRIMERA

Dice la escritora Lilia Martín Brito que lleva “seis años repitiéndoles cómo se llama el espacio. ¡Y no logro que se lo aprendan, ni grandes ni chicos!” -ríe.

Pero su trascendencia consta. Lo sé; lo vi. Alude a ese conocido refrán acerca del triunfo y la perseverancia. De ahí, muchos agradecen la iniciativa cuya génesis reside, sin dudas, en el diálogo.

“Pues se me ocurrió un día venir a conversar con ellos -comenta la entrevistada. Yo vivo en frente. Y los veía a veces muy quietos, pasivos. Pensé luego en sumar a los niños de la escuela cercana, pese a las dificultades porque no siempre pueden venir debido al propio programa de estudios. La idea persiguió desde el inicio la reciprocidad: los abuelitos les transmitirían sus experiencias; los niños aprehenderían el amor a la creación y al entorno.

“Suelo iniciar el encuentro con el fragmento de un texto, o determinada pintura. Eso sí: debo hablarles breve; se disocian. Entonces me obligan a disponer de variados materiales, y a centrarme, por me“Arte y Naturaleza” ocupa, un día al mes, parte del tiempo en la Casa de los Abuelos que permanece abierta entre las 8:00 a.m. y 4:00 p.m.  / Foto: Doradoncionar, en una efeméride que sí sean capaces de recordar”.

Halla sitio en la primera institución de este tipo inaugurada dentro de la geografía perlasureña, una veintena de hombres y mujeres con no menos de seis décadas. Canas y andar pausado devienen causa directa para la actuación e integración a nivel comunitario. ¿Consecuencias? Recuperación físico-mental: mayor calidad de vida.

OBRAS COMPLETAS

  “Cuando empiezan uno los ve deprimidos. Varios vienen con estrés por las situaciones de la casa. Sabe, la relación difícil con los hijos, nietos. Ya al conocerse, participan en el dominó, ajedrez; o hacen artes manuales; ven el televisor; oyen música; se alimentan a su hora; celebran cumpleaños colectivos y fiestas en fechas significativas; practican ejercicios físicos y compiten con su tabla gimnástica. ¡Ja, les encanta el ‘fetecún’! -expone Santa Isabel Hernández Niñoso, auxiliar de limpieza hace cuatro años.

“Le aseguro: cambian por completo. Se incorporan de nuevo, activos (…) Y, con ese intercambio mensual, más. Casi todos son retirados, saben. Igual a otros que ya no los ves porque no pueden caminar ni valerse por sí mismos, les dan cualquier tema y por ahí… ¡a hablar! Se desarrollan”.

“Resulta importante mantenerlos en plena facultad” -opina Rubén Santos Pérez, administrador. Reconoce él un vínculo estrecho entre la citada alternativa y “bienestar”.

Si a los 73 advirtiese lejos el pitazo de un tren o alguien le hablara acerca de hotelería, José Luis Velazco Sosa no podría retener la estampida de recuerdos. Sin embargo, duelen menos “después de venir, por indicación de Guillermo, el psicólogo (…) Jubilarme, debido a las ‘subidas’ de presión y los ingresos a cada rato en el Hospital, me afectó bastante emocionalmente. Yo me mantuve 50 años laborando (…) Ahora, modifiqué mi rutina y…”.

A su juicio, “todo cuanto te saque de la monotonía, y esta actividad literaria sirve de ejemplo, ayuda a no pensar demasiado en los problemas de la ancianidad. Contribuye de manera extraordinaria a prolongar tu existencia. No como un vegetal, sino como el ser que expone su criterio (…) A pesar de la frecuencia algo distante, y de la aún insuficiente intervención de algunos compañeros, nos relacionamos. Constituye motivo y aliciente”.

Coincide Digna Ruiz Díaz, quien, tras crecer en el campo y tener acá una casa solo para ella, “¡hasta me civilicé!” -jaranea. También Esmeralda Micles Amaro. Cumplirá 95 y desde 2003, cuando surgió el referido centro incluido en la red de servicios geriátricos del municipio cabecera, amén de una supuesta rotación cada seis meses ha permanecido en su matrícula. Jamás en vano.

Esmeralda Micles Amaro cumplirá pronto 95 años. / Foto: Dorado  “¡Ah, si aprendemos cantidad! (…) Esto comenzó perfecto y marcha casi igual. Mi esposo falleció aquí. Dime, a ver, ¿qué otra cosa pedir? Fidel no los ha proporcionado todo y lo disfrutamos. Además de los cursos sobre la familia, cómo envejecer mejor, medicina verde… me agradan las clases de Lili. Tiene gran importancia compartir con los niños. Preguntan y les traspasamos vivencias desde nuestra primera infancia a esta tercera” -y suelta la carcajada.

“Me gusta el lugar, y venir -afirma Maribella Álvarez Sosa, estudiante de tercer grado en la primaria ‘Armando Mestre’. Dibujamos; hablamos sobre plantas de Cuba, Historia, Martí. Conozco cosas que no me enseña la maestra”.

Elizabeth Díaz Núñez, de unos 12 años, reitera la palabra “cariño”. Declara: “Hoy sé más de la amistad. Si traigo un libro, se los presto (…) Y en un concurso de plantar árboles, gané. Puse todo mi esfuerzo. En el de pintar con tiza, un señor viejito que ya no está me ayudó. No se me olvida”.

“En función del objetivo, prefiero denominarle taller a esta cita. Parte de la elaboración, del aporte (…) Incluso yo aprendo. Me toca acoplarme a diferentes formas de expresión, visiones (…) Me siento útil -confiesa Martín Brito. ¿Hasta dónde he logrado que prenda el afecto entre generaciones? Lo dirá el tiempo”.

No sé usted. Yo, creo, ya lo hizo desde no pocos ojos, manos y gargantas.

Escrito por: Lisandra Marene

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Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el mayo 3, 2012 en Confluencias de vidas y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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