Victoria Abril: “Elegir es renunciar, y yo no quiero renunciar a nada”

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El cigarrillo me la reveló algo etérea. También ahora sin pantallas de por medio, en carne y huesos, ¡frente a mí! Imaginé que su nombre, replicado entre un sinfín de cuadros a 24 x segundo, guardaría acaso relación con un ser querido, la estación del año. O, quizás, con algún pasaje determinante. En cierto modo, solo un tilín inusual, así fue.

“Porque empecé a trabajar aquel mes. Estaban en lo de los genéricos (caracteres o créditos) de mi primera película y me preguntaron: ‘¿Qué hacemos? ¿Ponemos tu nombre de verdad o uno artístico?’. Mi familia sugirió: ‘Cámbiatelo, no vayas a resultar mala. Así no nos… ¡sí, mejor cámbiatelo!’ -bromea.  Pregunté por el santo del día. En lugar de eso me respondieron la fecha: 23 de abril. ¿Abril? Nada, pues Victoria Abril. Lo decidí por teléfono (…) ¡Menos mal que no corría septiembre!”.

Tal cual la presento ante usted, lector. Un testimonio con puro acento español. Victoria Mérida Rojas nació en Madrid. Hoy tiene su residencia en Francia. Detesta a los paparazzi y, asegura, aún está por definirse a sí misma.

LA CASA DEL PARAÍSO (*)

“Antes, de chica, deseaba ser bailarina clásica -nos contó. Me ‘metí’ en el cine con la idea de tener dinerito pa’ poder seguir. No pensaba ser actriz ni nada de eso (…) Mi madre me dijo: ‘Oye, mi’ja, el ballet se ve muy bonito, pero es un hobby. Búscate un oficio que te dé y no debas tú pagar pa’ trabajar’.

“Entonces una profesora me comentó: ‘Mira, mi marido busca una de tu edad. Preséntate a las audiciones’. Y yo: ‘¡Ah, lo voy a hacer! A ver si tengo suerte y me libro de lo de secretaria (en el concurso Uno, dos, tres… responda a la vez, su puerta a la popularidad por el Canal 4). ¡A mí, de secretaria! Hay que ver lo malísimamente informa’o que estaba el destino.

“Me escogieron. Logré dejar aquello y con esos pesitos creí poder ir a la escuela de actuación. Yo, como el cuento de la lechera. Después vino otra película, y otra. No sé cómo. No tenía ni agente”.

¿Los personajes? “Forman los pasos de una escalera -opina. Me los quedo todos. ¡Todos! Te ayudan a subir, a aprender. Si quitas uno se te derrumba. Y no quiero darme un ‘tortazo’…

“Elegir una cinta, la ‘preferida’, sería igual a elegir un hijo. Sí, puede que uno salga más listo que el otro; rubio y aquel moreno; a este se le den mejor las matemáticas y a ese las letras. No por ello puedes tú decidir (…) No. Elegir es renunciar, y yo no quiero renunciar a nada”.

No obstante, anuló probabilidades cuando el diálogo la ubicó en el set de filmación con más de medio centenar de directores. Vicente Aranda, al frente.

“Mi primera experiencia con él, Cambio de sexo (1977), fue la quinta producción en mi primer año (…) Narraba la historia de un chico con ansias de ser una chica. ¡Y yo, como era una chica que quería ser un chico, la entendí muy bien! La hice. Ahí tomé la decisión de dejar el ballet para siempre y dedicarme a esto”.

¿En verdad iba destinado el protagónico a otra actriz?

“Sí, a Ángela Molina. Pero gracias a Dios no tenía yo muchos pechos. Debía interpretar a un niño primero y luego a una mujer. Me encontraba en ese estadio medio donde resultaba fácil aplastarme”.

¿Cuántas veces le sucedió: asumir un rol principal concebido ya para alguien?

“Aparte de Aranda -él si escribía para mí, hemos hecho 14 películas en casi 30 años-, y Pedro Almodóvar, y Agustín Díaz Yanes… Bueno, tengo unos cuatro cinco fieles. Las décadas pasan y seguimos juntos: lo bonito de esto (…) Porque vas más lejos. La primera vez con un director te la pierdes en el ‘conocerse’, el tiempo de acercamiento. Ya a continuación de dos, tres… ¡Vamos, ya ni nos saludamos! Vicente me manda el guión por mail, lo leo y ya está. Similar a un matrimonio: hay conocimiento de causa (…) Eso en el séptimo arte llega a ser raro, que te escojan a todas tus edades (…) Como mujer, más que como actriz, lo agradezco mucho.

“Ha sido todo: mi padre, mi maestro, mi director, mi inspiración, mi brújula, mi norte si me siento perdía. Incluso, al trabajar con otros a quienes no entendía mucho, por no estar muy bien forma’ -pues de quinceañera empecé a laborar, y dejé el ‘cole’ a los trece (…) Yo asentía, ¡igual nada! Hacía las cosas por puro instinto. Si no comprendía, pensaba: ‘Para él, ¿cómo lo harías?’. A partir de ahí se me abrían las entendederas”.

Según ha declarado, se nutre de cada papel. Sin embargo, ¿existe alguno a partir del cual, tras visualizar escenas, confirme: “éste me retrata por completo”?

“No suelo verlas. Pa’ atrás, ni pa’ coger carrerilla.

“Ahora, al mirarlas -no todas- no veo lo mismo que tú. Veo lo no hecho, cuanto ha salido mal: la luz que no mola, el no sé qué (…) Pasaron cerca de 40 años y sigo igual a una nena: ‘¡Ay, dejadme otra oportunidad! Vamos, una toma más, a ver si me sale bien esta vez’. ¿Vedette? ¡Imposible! Eres actriz, un vehículo. Tú no montas, ni cuentas la historia, ni seleccionas la música, ni guías. Claro, nunca, nunca, nunca me hubiera gustado (…) Soy muy pesada (…) El día que yo haga una película en la posición de directora, habrá que hacer concesiones.

“¡Da igual! Una vez terminada, idéntica a los hijos: se van. Ya más tarde recibes noticias: ‘¡Oh, he visto a tu retoño en Nueva York! Tenía una cola de aquí a allá’. ¡Qué bien! Pero ya no son tuyos, sino de la gente”.

¿Ocasiones en que se permitió rechazar un papel por un motivo u otro?

“Casi siempre debido a razones personales ligadas a las profesionales. A Pedro Almodóvar le dije: ‘no’, tratándose de la película que más me gusta de él: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Debía representar a una prostituta. Yo venía de México de hacer una, durante tres meses. Solo añoraba volver a París, encontrarme con mi novio, darme un poquito de asueto (…) ¡Y te niegas ante la mejor película de Pedro! Pasa que en ese momento no lo sabes”.

Mas, hasta en una canción le han llamado “la chica Almodóvar”. ¿Cuáles pro y contra implica ello?

“¡Qué de pro! Contra ninguno, nena (…) A partir precisamente de nuestra época (1987-1993), cuando hicimos unas tres o cuatro películas, empezó a obtener su reconocimiento mundial. Yo ya vivía en Francia; no me quedaba sino traducirle -ríe.

“Sus obras, por buenas, no caducan (…) Pasan de una generación a la siguiente (…) Y las personas te hablan de aquel filme como si hubiese salido ayer; porque lo vieron ayer, o esta mañana. ¡Fantástico! No existe ningún contra si se trata de hacer películas capaces de desafiar las leyes de la gravedad y la decadencia. Maravilloso convertirte, aunque por unos cinco años, en la musa de alguien. ¡Más, de Pedro Almodóvar!

“La primera, Carmen Maura; luego yo y, ya en los 2000, Penélope. Cada una ha tenido su tiempito exclusivo. Él coge a una chica y se casa. ¡Hasta el aparente divorcio! (…) En cinco años, tres o cuatro películas, ¡no está mal!”.

Proyecta naturalidad, espontaneidad. Y no pocos directores exigen sus guiones se tomen al pie de la letra. ¿Lo hace usted así? ¿O precisa sumarle siempre su dosis de improvisación?

“Depende de con quién te muevas. A veces más vale ser una chica obediente y respetar lo escrito. Alguien pasó meses buscando una frase en lugar de la tuya. Luego encuentras propuestas cuyo director sabe un poco menos qué quiere; y te contratan pa’ poner el resto. O tiene un gran ombligo y sentido del Dios. Ahí debes sacar la malicia. Si bien, intentar imponer tus ideas en una cinta de otro pasa por error absoluto. Mejor negociar antes de filmar (…) De ocurrírsete una idea genial, lanzarla en el ensayo (…) No suelo improvisar, sino proponer acciones (…) pa’ complementar los diálogos”.

Su carrera consta en tanto una de las más brillantes de la cinematografía ibérica. Tres veces ganadora del Fotograma de Plata; dos, con la Concha de Plata a la Mejor Actriz, a propósito del Festival Internacional de Cine de San Sebastián; un Oso de en el de Berlín, 1991; y el Premio Goya por Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto -irónico. ¿Ha considerado algún galardón “el más esperado”? 

“No los recojo. Me dan mala pata. De joven crees en ellos, los necesitas: te sientes llena de inseguridades, preguntas. ¡Ahí no llegan! Ya hartita de respuestas, te dices: los premios, que me esperen todavía (…) Para mí, significan el principio del fin (…) Mientras más tarde los recibas, más demorará. Me falta mucho por hacer. Sigo siendo amateur”.

De Obsesión, en 1974 bajo indicaciones de Francisco Lara Polop, al presente, ¿cuántas inconformidades persisten en vínculo directo con la escena?

“Ninguna. La escena es el paraíso. Dentro de diez metros cuadrados nada malo te puede pasar. No puedes caerte ni enferma. Si sucede, sigues. Yo me he roto dos dedos cantando, por no ver el foso. Y terminé el concierto. Ya el último tema, a capella, y cojeando agarrada de mis músicos. La escena es el mejor de los sitios donde uno podría estar. En cualquier caso, aquel donde yo me quiero morir. Si hay que morirse, porque no queda más remedio, que sea ahí, cantando, en lo que más me gusta”.

¿Precede a su creación alguna especie de ritual o proceso de preparación?

“Si lo tengo claro, y soy feliz, no me hace falta. Bueno, sí, siempre me preparo un poquitillo antes de salir: el traguito de ron… ¡Nada! Andar bien, e intentar traspasar a la gente un mínimo de bienestar. Pa’ eso estamos. Somos como la aspirina. ¿Te duele? Te quito el dolor. Por dos horas, ¡a ver si olvidas to’!”.

EL PUENTE (**)

Ballet clásico, actuación -también en televisión-, música… Parecería que no le falta nada por experimentar. ¿De qué modo se inventa lo nuevo?

“He sido un producto/consecuencia de la necesidad. Incluso a los 40, no llegaban ya papeles tan interesantes y me dije: ‘A ver, ¿qué quieres hacer? ¡Cantar!’. Ahí empecé a producirme -gracias al cine, siempre gracias al cine- mi primer álbum, Putcheros do Brasil (2005), y mi primera gira. La música y el contacto con el público durante unas dos horas se convierten en la terapia más grande que haya hecho nunca.

“Y ahora, por ejemplo, llevo una asociación llamada OrphanAid Africa. Se ocupa de ayudar a ciertos niños africanos (…) a volver a sus hogares. Porque los orfelinatos están llenos de pequeños que no son huérfanos, sino pobres. Nos ocupamos de encontrar a sus familias y enviarlos con un pan bajo el brazo. La organización da dinero para que en casa puedan criarlos.

“Es decir, yo hoy me dedico a vaciar orfelinatos (…) Ya llevamos 500 críos, y hemos cerrado dos instituciones (…) No precisamos abrirlas, sino mandarlos con sus familias; y a cuantos no tengan, hallarles alguna de acogida. Un orfanato no es sitio donde pasar los primeros 16 años de tu vida.

“Entonces, pa’ buscar dinerito -no pidiendo a la gente, pues bastante liada anda con la crisis y lo de llegar a fin de mes-, este año me he lanzado a hacer un autorretrato para una subasta pública. Así quien lo compra se lleva por lo menos un trocito de tu ADN, un poquito de ti. Huellas… Me lo han pedi’o. Se trata de un proyecto de 20 artistas no pintores. Lo recauda’o, pa’ la ONG (…) Entre dos rodajes me puse las pilas. ¡Y no logré uno, sino siete! -exclama. Me gustó tanto que, creo, voy a en montar mi propia exposición. Pero yo, artista plástica humanitaria. Me inventaré el nuevo oficio”.

De cuadro a cuadro, ¿color predilecto?

“Tienen un único color: rojizo, el tono de la tierra, arcilla, como la que se ponen las africanas en el rostro”.

Los puentes los construye asimismo por agua. Tal vez quedó escrito desde la fecha de su nacimiento: 1959.

“Aquí, en Cuba, las vacaciones son sociales (…) La vida, muy profunda (…) Cienfuegos me lo he pateá’o de sol a sol (…) La bahía de bolsa me la he echa’o por to’ los rincones (…) Soy ‘disfrutona’ con las cosas más simples. Encontrar el… ¿cómo se llama?… ¡Ah, guarapo de caña! Al lado de la estación de ferrocarril, en un puestito, me tomé los vasos por dos (…) La lluvia me pilló el jueves en medio de un barrio más bien humilde. Oye, nos metimos en un porchecillo de 50 centímetros. En ese momento llegó una señora con sus dos niños. No había terminado de abrir la puerta y ella: ‘Por Dios, entren’. Nos dio dos asientos. Esperamos allí 20 minutillos con ellos (…) Esas cosas son las que a mí me matan”.

Notas:

(*) Coproducción entre España y Venezuela, a cargo de Santiago San Miguel, hacia 1980.

(**) Filme dirigido por el español Juan Antonio Bardem, en 1976.

Escrito por: Lisandra Marene

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Victoria Abril en el programa radial “El Triángulo de la Confianza”

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Acerca de lospasosencontrados

Periodista del semanario CINCO de Septiembre, en Cienfuegos. Graduada de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas.

Publicado el mayo 30, 2012 en Entre dos... !o más! y etiquetado en , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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